En este artículo me propongo exponer de forma muy somera el determinismo tecnológico al que se encuentra expuesta nuestra cultura. Muchos son los autores que tratan este tema y ríos de tinta han corrido al respecto, pero bueno esto es un artículo y no una investigación científica. Sin lugar a dudas uno de los autores más resonantes respecto al tema es Walter Benjamin. En su afamado ensayo La obra de arte en la era de la reproductibilidad técnica, expuso de forma concisa el futuro que nos espera al pasar de la contemplación al shock. El autor realiza un estudio profundo de los medios de reproductibilidad técnica, partiendo de la litografía. La litografía a nivel cultural es el primer medio de reproductibilidad técnica y provoca un cambio brutal en el desarrollo y popularización del conocimiento. Luego la imprenta, la fotografía y el cine completan el círculo de técnicas en donde no se diferencia el original de sus copias. Es muy claro que al utilizar este tipo de medio de comunicación/expresión de masas se gana en democratización del conocimiento, ahora bien también hay que ser consciente de la pérdida de otras cosas. Según Benjamin (y no hay que ser muy sesudo para observar este detalle), los medios de reproductibilidad técnica hacen perder la noción del original. De hecho no existe concepto de originalidad en este tipo de medios, capacidad que los medios no reproductibles si llevaban en su seno. La pintura, por ejemplo se consideraba en su momento una expresión única de un aquí y ahora inexplicable. Tiene valor de unicidad y como medio propone la contemplación del público. Se contempla esa obra de arte, al ser única e irrepetible. Se analiza y se le dedica tiempo para interpretarla. A estas características Benjamin le atribuye el término aura. Por otro lado, la obra de arte reproductible (post aurática) propone una realidad muy diferente: el cambio de la contemplación por el shock. El término shock Benjamin lo extrae de Baudelaire el cuál lo aplica para la explicación de la realidad de las grandes Urbes Modernas. El shock característico del cine como medio, que menos que contemplación propone una consecuencia de imágenes y sonido que mantienen al espectador capturado en un discurso no reflexivo. Sin lugar a dudas, el cine no permite contemplación, entre otras cosas por la diacronía propia del formato. No obstante el propio Benjamin descubre un potencial enorme en el cine como medio de masas, “siempre y cuando sea utilizado con buenos fines” ya que ve en este tipo de expresión, un medio completamente político. Observa con buena cara el cine de Chaplin, advirtiendo (y esto es mi opinión personal) el futuro en el que ahora nos encontramos. Otro pensador que no podemos obviar en esta línea de discurso es Roland Barthes, el cuál le otorga a la fotografía básicamente un valor documental. La capacidad técnica de la fotografía es tal, que se hace muy difícil abstraerse a que no es un indicador visual de esa realidad que retracta la cámara. De esta forma pierde toda capacidad de metáfora como medio y por lo tanto (según Barthes) no tiene nada de artístico. McLuhan en esta línea, aporta el afamado el medio es el mensaje, en dónde hace referencia al determinismo tecnológico de forma explícita. Según McLuhan, el propio medio por sus características técnicas es portador de un mensaje, más allá de las intenciones que quiera darle el creador del mismo. Me atrevería a decir que el mensaje de los medios de reproductibilidad técnica (con el cine y luego la televisión como gran estandarte) es el shock, la no reflexión, la obnubilación, el rápido aburrimiento, la falta de atención y un largo etcétera. Hoy en día nosotros hijos de la televisión (me incluyo dentro de la generación televisiva desde mi nacimiento) tenemos grandes problemas de concentración, grandes problemas para con el aburrimiento, grandes problemas con la lectura y ya ni hablar de la abstracción. La contemplación ha desaparecido y se sustituye por una generación de individuos necesitados de shock cultural. Conformamos una nueva epistemología cultural a la cuál noto muy acrítica desde todos los ámbitos y muy susceptible a la ignorancia generalizada, con las consecuencias que esto implica. Sumemosle a esto la victoria del positivismo (y a un sistema a su servicio) como corriente dominante, a la ciencia como nuevo dios y seguramente ninguno quiera sacar conclusiones a futuro. Personalmente pienso que la pérdida de interés por actividades relacionadas a la contemplación (contemplación de obras de arte, lectura reflexiva, reflexión en general) se deben a esta nueva construcción epistemológica de nuestra cultura televisiva que se nos ha insertado en lo más profundo del cerebelo.
domingo 7 de marzo de 2010
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La televisión ha tenido la gran suerte de ver la luz tras la Segunda Guerra Mundial, pues la situación social favoreció enormemente su asentamiento, por no decir su dominio. Pero ésto, como digo, es gracias al nihilismo y al escepticismo en que el hombre de la posmodernidad está inmerso.
ResponderSuprimirSi tras la caida de la gran Atenas en manos del Imperio Macedónico, el sentido cívico y humano pareció desmoronarse, poco menos ha pasado con la Segunda Guerra Mundial.
Al igual que entonces, cuando aparecieron los escépticos, epicúreos y estoicos con sus nuevas doctrinas de "preocúpate por tu felicidad, y no intentes conocer ni cambiar la realidad, porque es imposible"; hoy en día el hombre se repliega hacia sí mismo.
Y parece que, siguiendo las palabras de Epicuro (aunque sin conocerlas)se aparta de la vida pública y política, así como de la filosofía o las ciencias sociales; porque en el fondo hay una conciencia de que no valen para nada, pues por más que el hombre busque el significado del Bien, el de la Justicia, o el del Deber, el hombre es capaz del mayor acto de brutalidad.
La televisión (y los medios de masas) ofrecen un espectáculo en el que la Realidad no está presente, y permite el refugio (y a la vez anulación) de la conciencia humana.
Con cariño, Bea.
Es fantástico que siga habiendo mentes reflexivas como la tuya, y si es con buenas palabras mejor.
Besos
Entonces, ¿de quién es la responsabilidad, de la industria de contenidos o de las masas aborregadas?
ResponderSuprimirYo creo que en primer lugar la industria de contenidos es la que traza el camino y en un segundo paso, es muy muy muy difícil escapar a esta lógica, macro lógica que te envuelve hasta la asfixia...lo único que se me ocurre, de momento es la hipócrita consigna de la reflexión desde el interior. (Apreciación muy mas personal).
ResponderSuprimirTendrías que leer mejor el texto de Benjamin, no extrae de Baudelaire el término shock, que es un termino del psicoanálisis, y no ve como negativa la desaparición del aura en el arte...
ResponderSuprimirAh! Y el shock no es la forma en que el arte se expresa, el shock está en la realidad, la consciencia bloquea la percepción de dichos shocks y los envía al subconsciente, el resultado es el adormecimiento de la humanidad. El arte de vanguardia captura los shocks, o los rescata del subconsciente si se quiere, y los transmite como experiencias para que el espectador despierte.
ResponderSuprimirEl arte de masas ya es el mal final de la utopía benjaminiana
ResponderSuprimirSi si, seguramente hay errores conceptuales que no me interesan demasiado, lo que me interesa es el núcleo de la cuestión, cómo hemos pasado de ser sujetos que contemplan a sujetos que se shokean impreso obviamente en nuestro subconsciente.
ResponderSuprimirCada día vivo y experimento esta realidad cada vez más cerca...dentro de 20 y 25 años está la clave...